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«Sigo tejiendo porque me ayuda a estar tranquila»

La voz de quien crea

Hace poco una clienta nos escribió un mensaje corto. No venía a reclamar nada ni a preguntar por un pedido. Decía así:

«Así es, sigo tejiendo, porque me ayuda a estar tranquila, aunque ya casi se me acaban los hilos, en cuanto pueda volveré a comprar.»

«Sigo tejiendo, porque me ayuda a estar tranquila»: el mensaje de una clienta de Carol

Lo leímos varias veces.

Hay algo en esa frase que resume, mejor de lo que nosotros sabríamos explicarlo, por qué existe Carol. Ella no dijo que tejer la curara de nada. No usó palabras grandes. Dijo que la ayuda a estar tranquila, y que va a volver por más hilos.

Eso es todo. Y es muchísimo.

Lo que pasa cuando las manos están ocupadas

Seguramente lo has sentido. Te sientas con la intención de avanzar un rato, empiezas a ensartar, a contar puntos, a acomodar el hilo, y cuando levantas la cabeza han pasado dos horas. No estabas pensando en el trabajo, ni en la lista de pendientes, ni en esa conversación que te quedó dando vueltas. Estabas ahí, en la cuenta que tenías entre los dedos.

La psicología le puso nombre a eso. Se llama flujoflow, estado de flujo— y lo describió el investigador Mihály Csíkszentmihályi. Es ese estado en el que una persona se absorbe tanto en lo que hace que pierde la noción del tiempo y hasta de sí misma. Aparece cuando la tarea tiene un reto que encaja justo con lo que sabes hacer: ni tan fácil que te aburra, ni tan difícil que te frustre.

Gráfico del estado de flujo: entre la frustración y el aburrimiento hay un canal donde el reto encaja con la habilidad
El flujo no aparece en cualquier parte: vive en la franja donde el reto de la pieza y lo que ya sabes hacer se encuentran.

Fíjate que no hay nada místico ahí. Es atención. Es lo que ocurre cuando el trabajo de tus manos es lo bastante exigente para ocupar toda tu cabeza y lo bastante alcanzable para que no te rindas.

La bisutería vive justo en ese punto. Y cuando el proyecto está bien elegido para tu nivel, ese estado llega solo.

Lo que ha encontrado la investigación

Sobre esto se ha investigado más de lo que uno imaginaría.

El estudio más citado sobre el trabajo con las manos lo publicaron Jill Riley, Betsan Corkhill y Clare Morris en el British Journal of Occupational Therapy en 2013. Encuestaron a 3.545 personas que tejen, en 39 países, y encontraron que el 81,5 % se declaró entre «un poco» y «muy feliz» después de tejer. Quienes se describían como más decaídas fueron, curiosamente, las que reportaron la mayor mejoría en su ánimo.

81,5 % de 3.545 personas que tejen en 39 países se declaró entre «un poco» y «muy feliz» después de tejer

Vale la pena decir con qué cuidado hay que leer ese dato, porque preferimos ser honestas: fue una encuesta en la que las personas reportaron cómo se sentían ellas mismas. Muestra que hay una asociación entre tejer y sentirse mejor, no que una cosa cause la otra. Es un indicio bonito y sólido, no una prueba médica.

Y eso está bien. Nadie necesita un certificado científico para saber que le hace bien sentarse a crear. Nuestra clienta no lo necesitó.

Por qué la bisutería tiene algo especial

Hay tres cosas que hacen del armado de bisutería un oficio particularmente bueno para esos ratos.

Tres razones: los materiales entran por los sentidos, el avance se ve y al final hay una pieza que existe

Los materiales entran por los sentidos. El peso de una cuenta de vidrio en la palma. Cómo el cristal cambia según la luz. La resistencia del alambre cuando cede. El sonido de la mostacilla al caer en la bandeja. Todo eso te sostiene en el presente sin que tengas que proponértelo. Tus manos están en algo real, aquí, ahora.

El avance se ve. No hay que esperar al final para saber si vas bien. Vuelta a vuelta, punto a punto, la pieza crece frente a ti. Ese pequeño «va quedando» es combustible: te da razones para seguir cada pocos minutos.

Al final hay algo que existe. Una pieza que antes no estaba en el mundo y ahora sí, porque tú la hiciste. Te la pones, la regalas, la vendes. Y cada vez que la ves, ahí está la prueba: esto lo hice yo.

No es terapia, y no necesita serlo

Queremos ser claras en esto, porque nos importa.

Crear con las manos no reemplaza la ayuda profesional. No es un tratamiento, no cura nada y no está para eso. Si estás pasando por un momento difícil de verdad, mereces acompañamiento de alguien preparado para dártelo, y eso no lo da ni un curso ni una bolsa de hilos.

Lo que sí puede darte una tarde con tus materiales es más sencillo y también es valioso: un rato tuyo. Una pausa. Un espacio donde durante dos horas lo único que existe es el hilo, el color que escogiste y la pieza que está naciendo.

Nuestra clienta lo dijo en cinco palabras: me ayuda a estar tranquila. No prometió más que eso. Nosotras tampoco vamos a prometer más que eso.

Sobre los hilos que se acaban

Volvamos a su mensaje, porque tiene un final que nos quedó sonando: «ya casi se me acaban los hilos, en cuanto pueda volveré a comprar».

Nos gusta esa frase por lo que dice sin decirlo. Que siguió. Que la calma no fue una tarde suelta sino una costumbre. Que el oficio se le volvió parte de la vida.

Si estás leyendo esto y tienes un proyecto a medias en una bolsa, o unas madejas que ya están en las últimas, tómalo como una señal para retomarlo. Y si hace rato no te sientas a crear, empieza por algo pequeño: una pulsera, un par de aretes, algo que puedas terminar en una tarde. La pieza terminada es lo que hace que quieras volver.

Ver hilos y cordonesClases presenciales

Nosotras estamos para lo mismo de siempre: que no te falten los materiales, que sepas cómo usarlos y que crear te resulte lo más fácil posible.

Lo que más nos preguntan

No es un tratamiento y no lo presentamos como tal. Lo que hay es una asociación: en una encuesta a 3.545 personas que tejen en 39 países, el 81,5 % se declaró entre «un poco» y «muy feliz» después de hacerlo. Es un indicio, no una prueba médica, y no dice que tejer cause la mejoría. Si estás pasando por un momento difícil, busca acompañamiento profesional.

Es el estado, descrito por Mihály Csíkszentmihályi, en el que te absorbes tanto en lo que haces que pierdes la noción del tiempo. Aparece cuando el reto de la tarea encaja con lo que ya sabes hacer: ni tan fácil que aburra, ni tan difícil que frustre. El armado de bisutería cae con frecuencia en esa franja.

No hay un número, y desconfía de quien te dé uno. En la práctica lo que funciona no es la duración sino terminar: empieza por una pieza que puedas acabar en una tarde —una pulsera, un par de aretes— porque la pieza terminada es lo que hace que quieras volver a sentarte.

Por algo pequeño y por un proyecto que se ajuste a tu nivel: ahí es donde aparece la calma. Si prefieres empezar acompañada, en las tiendas hay clases presenciales de bisutería y macramé.

Para tejido y macramé, un hilo o cordón y poco más; para bisutería, cuentas, un hilo o alambre y una pinza. Puedes ver los hilos y cordones y armar algo sencillo antes de invertir en herramientas.

No. Crear con las manos no reemplaza la ayuda profesional: no es un tratamiento y no cura nada. Lo que puede darte es un rato tuyo, y eso ya es valioso por sí solo.

Bienvenida a las que crean.

Referencias: Riley, J., Corkhill, B. y Morris, C. (2013). «The Benefits of Knitting for Personal and Social Wellbeing in Adulthood». British Journal of Occupational Therapy, 76(2), 50-57. · Csíkszentmihályi, M. (1990). Flow: The Psychology of Optimal Experience. Harper & Row.

«Sigo tejiendo porque me ayuda a estar tranquila»
EFRAIN MAURICIO ALVAREZ MONTOYA 26 de agosto de 2026
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